sábado, marzo 11, 2006

Magia

Cuentan que no hace tanto, ni hace tan poco, existió la magia. No exactamente la magia de los hechiceros tan conocida por todos y tan excepcionalmente aceptada como hecho trascendente de la mitología; aquella capaz de transmutar cualquier cosa que se desee, desde una mesa hasta un animal, desde algo inanimado a la más fluida de las formas de vida. No. Tampoco están hablando de los conjuros, del vudú y los males de ojo, del conocimiento del futuro y la alteración del destino, del sacrificio que traería su incomprensible consecuencia y la venta indiscriminada de almas al diablo. Mucho menos. En síntesis, no hablan estos rapsodas de la magia tradicional si se quiere. Hablan de alguna otra cosa. Hablan de lazos de acero que unen a las personas. Lazos tan enormes que pueden conectar entre continentes, ciudades, de un extremo a su opuesto en el mundo. Lazos que a pesar de ser indelebles se estiran y se contraen con el pasar del tiempo, con el movimiento, con el fluir de la vida misma. Lazos incoherentes, confusos, sagaces, desinteresados, valientes, humildes, azarosos.
Y más aún. Hay algunos descendientes que aseguran tener una visión (naturalmente sobrenatural) que les permite ver estas conexiones cuando las personas que se encuentran enlazadas están físicamente cerca (y por lo tanto aseguran que la magia de hecho, sigue existiendo). Me contaba hace poco uno de ellos:
- “Yo estaba casi impaciente. Pero no sé por qué. Igualmente todo se desarrolló como esperaba, la reunión, el encuentro, era todo bastante premeditado. Y no lo estoy diciendo por tener alguna facultad extraña que me permitiese saberlo, simplemente lo deduje, como lo haría cualquier normal. En fin, no esperaba yo estar ante la presencia de algo de todo aquello que siempre escuché y nunca vi. Sin embargo, un segundo después, me miró y sonrió. No se bien por qué, con qué excusa. Quizás ni siquiera se excusó, sólo se le escapó del alma ese mensaje interior traducido en una franca sonrisa. Y entonces lo sentís, lo ves, entendés. Un lazo. Magia.”
Y no puedo evitarlo.
Empiezo a creer.

8 comentarios:

Calvin Klein dijo...

Crea hombre, crea. Siempre dije ser sólo un mago, pero nunca nadie me creyó.

Luthien dijo...

"Qué difícil intentar salir ilesos de esta magia en la que nos hayamos presos", dice Joaquín Sabina.
Pero qué importa, todo sea por esas sonrisas francas, y por esos lazos, y por esos momentos de "no casualidades" que le dan sal a la vida, y que la hacen... mágica.

D'Artagnan dijo...

Usted lo ha dicho Luthien :D.
Calvin: Todo indica que no creer ya es imposible (para mí). No se preocupe por lo que los otros crean, lo importante es lo que crea ud.

Maldito Duende dijo...

Claro que existe la magia y también existe la química.
Química que, sin propiedades y cobinada con la magia...
Tienen un efecto letal entre dos y crean un lazo del cual es muy difícil soltarse.
Gracias por su visita.
¡SALUD!

Si yo dijo...

Claro que existe la magia siempre esta junto a nosotros lo bueno seria que nos dieramos cuenta que esta y no la ignoremos.

beso.

Say No More dijo...

Casualidad? naaaaa!!! tal cosa no existe... es MAGIA!!!! Miradas inesperadas, sonrisas pícaras, todo eso es la mejor parte!!

D'Artagnan dijo...

Maldito Duende: Bienvenido y gracias por pasar! La química de la que habla, me suena a alquimia la verdad. Junto a la magia, de seguro crea un lazo de los que ud dice. Aunque más que un "efecto letal" entre dos, me gustaría pensar en un "efecto vital" :).
Si yo: Ha de ser así, espero. E ignorarla ha de ser inútil (también espero) :). Gracias por pasar!
Say No More: Amiga del alma! Ya sé de qué tipo de magia me está hablando... y es que últimamente se ha convertido ud en toda una especialista! ;).

Freyja dijo...

A veces somos nosotros mismos los que no queremos ver la magia en nuestras vidas y ella esta en todo lo que pasa a nuestro alrededor